jueves, 26 de febrero de 2009

Como pasó San Francisco una Cuaresma


Al verdadero siervo de Dios San Francisco, ya que en ciertas cosas fue como un segundo Cristo dado al mundo para la salvación de los pueblos, quiso Dios Padre hacerlo, en muchos aspectos de su vida, conforme y semejante a su Hijo Jesucristo, como aparece en el venerable colegio de los doce compañeros, y en el admirable misterio de las sagradas llagas, y en el ayuno continuo de la santa cuaresma, que realizó de la manera siguiente:


Hallándose en cierta ocasión San Francisco, el último día de carnaval, junto al lago de Perusa en casa de un devoto suyo, donde había pasado la noche, sintió la inspiración de Dios de ir a pasar la cuaresma en una isla de dicho lago. Rogó, pues, San Francisco a este devoto suyo, por amor de Cristo, que le llevase en su barca a una isla del lago totalmente deshabitado y que lo hiciese en la noche del miércoles de ceniza, sin que nadie se diese cuenta. Así lo hizo puntualmente el hombre por la gran devoción que profesaba a San Francisco, y le llevó a dicha isla. San Francisco no llevó consigo más que dos panecillos. Llegados a la isla, al dejarlo el amigo para volverse a casa, San Francisco le pidió encarecidamente que no descubriese a nadie su paradero y que no volviese a recogerlo hasta el día del jueves santo. Y con esto partió, quedando solo San Francisco.


Como no había allí habitación alguna donde guarecerse, se adentró en una espesura muy tupida, donde las zarzas y los arbustos formaban una especie de cabaña, a modo de camada; y en este sitio se puso a orar y a contemplar las cosas celestiales. Allí se estuvo toda la cuaresma sin comer otra cosa que la mitad de uno de aquellos panecillos, como pudo comprobar el día de jueves santo aquel mismo amigo al ir a recogerlo; de los dos panes halló uno entero y la mitad del otro. Se cree que San Francisco lo comió por respeto al ayuno de Cristo bendito, que ayunó cuarenta días y cuarenta noches, sin tomar alimento alguno material. Así, comiendo aquel medio pan, alejó de sí el veneno de la vanagloria, y ayunó, a ejemplo de Cristo, cuarenta días y cuarenta noches.
Más tarde, en aquel lugar donde San Francisco había hecho tan admirable abstinencia, Dios realizó, por sus méritos, muchos milagros, por lo cual la gente comenzó a construir casas y a vivir allí.


En poco tiempo se formó una aldea buena y grande. Allí hay un convento de los hermanos que se llama el convento de la Isla (3). Todavía hoy los hombres y las mujeres de esa aldea veneran con gran devoción aquel lugar en que San Francisco pasó dicha cuaresma.


En alabanza de Cristo bendito. Amén.


De: Florecillas de San Francisco

martes, 17 de febrero de 2009

Oración y prédica


La oración ocupó un lugar central en la vida de Francisco; para ello buscaba la vida eremítica, el silencio y soledad interior. Reforzaba sus plegarias postrándose, ayunando, e incluso, gesticulando.


Al no ser sacerdote, en vez de dar doctrina, practicaba una predicación exhortativa, esto es, incitaba a la conversión y a vivir una vida evangélica; predicaba también con el ejemplo, con su estilo de vida aliada a la pobreza. Su manera de predicar era por medio de laudes, o alabanzas, con el objetivo de llamar la atención de los hombres a honrar al Ser Supremo.


Según Tomás Celano:


"Cuando, estando en público, se sentía de pronto afectado por visitas del Señor, para no estar ni entonces fuera de la celda hacía de su manto una celdilla… Siempre encontraba la manera de ocultarse a la mirada de los presentes…hasta el punto de orar entre muchos sin que lo advirtieran en la estrechez de la nave."


fuente: Wikipedia.com

jueves, 5 de febrero de 2009

En Gubbio y con los leprosos


(Invierno, 1206). Casi desnudo y tiritando de frío, después de desprenderse de todos sus bienes Francisco tomó el camino de Gubbio, buscando estar a solas con el Señor. En el camino lo apalearon unos bandidos, ante los cuales se presentó como "el heraldo del gran Rey". Las aguas en crecida del Chiascio lo obligaron a permanecer en un monasterio, probablemente Santa María de Valfabbrica, donde no fue muy bien tratado por los monjes. En cuanto pudo continuó hasta Gubbio. Allí un comerciante de telas amigo suyo, Federico Spadalunga, le regaló una túnica. Luego permaneció algún tiempo en un lazareto, no se sabe si en Gubbio o en Asís, sirviendo a los leprosos.

martes, 27 de enero de 2009

martes, 13 de enero de 2009

Canto de exhortación para las Damas Pobres de San Damián



Escuchad, pobrecillas, por el Señor llamadas,

que de muchas partes y provincias habéis sido congregadas:

vivid siempre en la verdad,

que en obediencia muráis.


No miréis a la vida de fuera,

porque la del espíritu es mejor.

Yo os ruego con gran amor

que tengáis discreción de las limosnas que os da el Señor.


Las que están por enfermedad gravadas

y las otras que por ellas están fatigadas,

unas y otras soportadlo en paz,
porque muy cara venderéis esta fatiga,

porque cada una será reina en el cielo coronada con la Virgen María.

jueves, 8 de enero de 2009

El Cordón Franciscano...


Cuenta Tomás de Celano que Francisco, después de su conversión, vestía hábito de ermitaño, el cual estaba ceñido por una correa de cuero como cinturón. Escuchando un día el Evangelio de la misión de los Apóstoles, impresionado, pidió explicación al sacerdote celebrante, y bien informado cambió de hábito: se procuró una túnica que tenía la forma de cruz, de material pobre, y cambió la correa de cuero por una cuerda.

Los cronistas antiguos, franciscanos y no franciscanos, cuando hablan del hábito franciscano, diecn que la túnica está ceñida por una cuerda. Alguno de ellos dice "cuerda anudada". Ninguno hace mención del número de nudos que lleva la cuerda. Las primeras representaciones iconográficas de San Francisco, comenzando por la tabla de San Miniato, de 1228, hoy perdida, el cordón del Santo tiene tres nudos. Posteriormente, en algunas pinturas, el cordón o cuerda se decora con múltiples nudos.

La cuerda tenía y tiene la función de ceñir. Muy pronto se convierte en una cuerda nudosa. Tradicionalmente la cuerda lleva tres nudos que hace referencia hoy a los tres votos de la profesión de vida religiosa: obediencia, desapropio (pobreza) y castidad.

*fuente:Valentín Redondo

lunes, 5 de enero de 2009

Los tres ladrones...


Fray Angel, un joven alto y robusto, guardián del convento de Monte Casale, estaba tan indignado, que hablaba solo:

-¡No hay derecho! ¡Habrase visto qué atrevimiento! Y además querían que les diese de comer! Pero ¿qué se han creido? Es una vergüenza. ¡No se puede consentir!

San Francisco de Asís llegaba en aquel momento con un saco de pan y un poco de vino, que él y un compañero habían recibido en limosma, y al encontrarlo refunfuñando preguntó:
-¿Qué ha pasado fray Angel?
-¡Es incleíble, Hermano Francisco! Han llegado unos maleantes, tres ladrones, y ¿sabe lo que querían? ¡Nada menos que les diese de comer y beber?
-¿Y tú qué has hecho, hermano?
-Pues los he reprendido fuertemente, tratándolos como se merecen; ¡encima de robar, no los voy a alimentar! Los he despedido y les he dicho que no volvieran a acercarse, pues de mí nunca recibirían ni comida ni bebida.
-¡Fray Angel, no has obrado bien!, le contestó San Francisco con tristeza. ¿No sabes que Jesús no vino a salvar a los justos sino a los pecadores? Ahora yo te mando, en virtud de santa obediencia, que agarres esta saca de pan que yo he traido y este poco de vino y rápidamente vayas tras ellos por montes y valles, hasta que los encuentres.
Entonces les presentarás este alimento y esta bebida; luego te arrodillarás ante ellos y humildemente les pedirás perdón por tu crueldad y les rogarás de parte mía que dejen el mal camino, que no atropellen a los demás, y yo proveeré a sus necesidades.

Fray Angel, obediente a la orden recibida, corrió tras los ladrones, los halló, se postró a sus pies y obró según le había ordenado San Francisco.

Y aquellos ladrones que, por la conducta de Fray Angel se habían alejado del convento resentidos y con propósito de vengenza, se quedaron pensativos, comprendieron su mal proceder y propusieron cambiar de vida.

Poco después, San Francisco los recibió en su orden y empezaron hacer penitencia

*De: "Florecillas" de San Francisco de Asís