sábado, 10 de septiembre de 2011

Un lirio y una azucena...


En un invierno epocal
como el mundo no había visto,
floreció el jardín de Cristo
con aire primaveral.

Un lirio y una azucena
que son la luz de sus ojos
se consagran como esposos
del que bendice su tierra.

Junto al árbol de la vida,
de la cruz de la victoria,
un nuevo edén en la historia
florece con alegría.

Del costado del Cordero
por Amor crucificado
nace un pueblo renovado
que está a los pies de un madero.

Se llaman Francisco y Clara
y son dos almas selectas
que recuperan las metas
que la humanidad buscaba.

Como arquetipos vitales
de frescura y savia nueva
brotan en su primavera
los anhelos primordiales.

Esos suspiros profundos
contenidos en el pecho,
los sueños insatisfechos
de salvación para el mundo.

Clara y Francisco nos muestran
cómo en las crisis profundas
la gracia de Dios abunda
y los que buscan la encuentran.

Las crisis nos purifican
en el crisol de la vida
cuando lo esencial se olvida
y el alma en vano se agita.

Son momentos especiales
para reencontrar el rumbo
y buscar en lo profundo
los divinos manantiales.

Para sacar agua fresca
del aljibe de la vida,
del pozo en el que, escondida,
un agua viva refresca.

En el invierno del hombre,
Dios es calor que ilumina,
es luz del que peregrina
y la voz que le responde.

Clara y Francisco nos muestran
el mundo en el que encontrarlo,
nos enseñan a adorarlo
y a su casa nos acercan

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv



miércoles, 31 de agosto de 2011

Un pobre que canta

 

¿Cuál es el resorte oculto que impulsa a Francisco a la empresa evangélica? ¿Qué es lo que le da esta libertad, esta agilidad, y, para decirlo toda alegría? El que pretende volver al Evangelio sólo puede ser un panfletario que denuncia y desacredita a la Iglesia "establecida", en nombre de la pureza redescubierta, o bien la del poeta que celebra una experiencia de admiración. Esto segundo es lo que hizo Francisco. La gracia que el Señor le dio no fue haber redescubierto el Evangelio de la pobreza -otros lo hicieron en su época- sino el haberlo redescubierto al mismo tiempo que el cántico y la acción de gracias. Francisco es un pobre que canta.

Si leemos sus biografías primitivas nos admira la importancia que tiene el canto en la vida de Francisco. Apenas abandona el tribunal del obispo, en el cual acaba de romper con su padre, emprende un nuevo camino cantando las alabanzas del Señor. "De la abundancia del corazón -escribe Celano, su primer biógrafo- hablaba la boca, y la fuente de amor iluminado, que llenaba todas sus entrañas, bullendo saltaba fuera... Estando de viaje, cantaba a Jesús o meditaba en Él, muchas veces olvidaba que estaba de camino y se ponía a invitar a todas las criaturas a alabar a Jesús" (Celano, Primera Vida, 115).

La pobreza evangélica de Francisco no es solamente un desasimiento ascético. A ejemplo de la pobreza de Cristo que se propone imitar, su pobreza es un modo de comunión con los más humildes y los más pobres. Es una experiencia de comunión con la humanidad herida, de la que el leproso fue para Francisco el símbolo viviente. Sin duda que esta experiencia le aportó un gozo puro y profundo. Francisco escribe en su Testamento que, al regreso de sus visitas a la leprosería, en tiempo de su conversión, experimentó una felicidad indecible: "... y al separarme de los leprosos, aquello que me parecía amargo, se me tornó en dulzura del alma y del cuerpo".


 

sábado, 13 de agosto de 2011


"El siervo del Rey Altísimo (Francisco) quedó desnudo, para poder seguir al Señor desnudo en la cruz, a quien tanto amaba. Del mismo modo, se armó con la cruz, para confiar su alma al leño de la salvación y lograr salvarse del naufragio de este mundo" (2,4). (San Buenaventura)

sábado, 30 de julio de 2011

De la Regla de san Francisco:

«Temed y honrad, alabad y bendecid, dad gracias y adorad al Señor Dios omnipotente en Trinidad y Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas. Haced penitencia, haced frutos dignos de penitencia, porque pronto moriremos. Dad y se os dará. Perdonad y se os perdonará. Y, si no perdonáis a los hombres sus pecados, el Señor no os perdonará los vuestros; confesad todos vuestros pecados. Bienaventurados los que mueren en penitencia, porque estarán en el reino de los cielos» (1 R 21,2-7).


lunes, 18 de julio de 2011


San Francisco de Asís predicó la pobreza como un valor y propuso un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. El papa Inocencio III aprobó su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, la de los franciscanos. Además, con la colaboración de santa Clara, fundó la rama femenina de su orden, que recibió el nombre de clarisas.

sábado, 9 de julio de 2011

La mesa del Señor

Los hermanos Francisco y Maseo muestran con satisfacción el pan recogido de limosna.
Camino de Francia, donde según disposición del último Capítulo, les corresponde anunciar la verdad y el bien, hacen un alto en el camino para obtener de la caridad pública el necesario sustento. En las afueras del pueblo, sobre una losa de piedra, junto a una fuente, vierten el producto de la limosna, y al ver con qué generosidad han premiado a su compañero Maseo, da gracias con fervor por los beneficios con que Dios distingue a sus buenos amigos.

Una vez más la parquedad del colorido no es un problema para Benlliure a la hora de recrear a los protagonistas: la estilizada figura del Pobre de Asís, el gesto natural de su compañero, la fisonomía de sus rostros y sobre todo el escenario natural que envuelve a los personajes.

Matiza con su pincelada la textura de la piedra y describe con exquisita solución la vegetación que prende de ella. La sencillez de la composición se ve sobradamente superada por la habilidad en el empleo de la materia pictórica.

(de:Florecillas de José Benlliure)


viernes, 1 de julio de 2011

"El servidor de Dios debe brillar por su vida y santidad"