domingo, 22 de mayo de 2011

Pobreza...



"Ya no necesito más: conozco a Cristo pobre y crucificado". (San Francisco de Asís)
"Yo he elegido a la santa pobreza como mi señora". (San Francisco de Asís)

martes, 10 de mayo de 2011

Las llagas de San Francisco


En el bosque de las hayas puras
por un sendero de otoño enrojecido,
camina Francisco, el corazón herido
en su nostalgia de Dios hecha locura.

Locura de un Amor que se ha encendido
en el fuego del Espíritu donado
en el calvario por un Dios crucificado
que en su mirada de Amor lo dejó ungido.

Ungido con el óleo que consagra,
con el perfume de la santidad participada,
con la unción de los profetas derramada
en el corazón abierto que la encarna.

En el bosque de las hayas puras
camina Francisco agradecido,
su cuerpo por el ayuno consumido,
su corazón anclado en la Escritura.

En su boca sus salmos preferidos,
en sus oídos la música del cielo,
en sus ojos el brillo del consuelo,
del paraíso, por Cristo, prometido.

En el sendero su pensamiento sumergido
en la pasión que en la cruz se hizo locura,
en el Amor de Jesús y su ternura,
en las llagas de su cuerpo envilecido.

El espíritu de Francisco está absorbido
en la Pascua que es centro de la historia,
en la cena que encarna su memoria,
en el corazón de Aquel que lo ha elegido.

Su oración se hace clamor, pasión y ofrenda,
contemplación del gólgota escondido
en el sol que se oculta enrojecido
en el sepulcro al que la noche lo encomienda.

Y en la tarde, como un sol ensangrentado
sangra Francisco su Amor y su locura,
florecen en su cuerpo las llagas que aseguran
que su camino está, con Él, crucificado.

Un serafín de Amor apasionado
lo bendice y se enciende su figura
y se incendian las estrellas y la luna
en la hoguera del Señor resucitado.

Autor: Fray Alejandro R Ferreirós OFMConv

sábado, 30 de abril de 2011


"Nuestro país, India, es conocido como tierra de santos... Con estas premisas, cuando conocimos la vida de san Francisco, vimos en ella algo conocido y a la vez nuvo, por su forma de convertirse, por el contacto con la divinidad y por ser mediador entre la Realidad Última y la gente corriente... Om shanti! Que la paz esté en todas partes (Harshada Joshi e Prachi Upsari (Hindú indio).

domingo, 24 de abril de 2011


Y te damos gracias porque... quisiste que Él, verdadero Dios y verdadero hombre naciera de la gloriosa siempre Virgen Santa María, y quisiste que nosotros, cautivos, fuéramos redimidos por su cruz, y sangre, y muerte (S.Francisco, 1Reg 23).

miércoles, 13 de abril de 2011


"El buen Pastor, por salvar a sus ovejas, soportó la pasión de la cruz. Y sus ovejas lo siguieron en la tribulación y la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; por eso recibieron del Señor la vida sempiterna". (S.Francisco, Adm.6).

viernes, 8 de abril de 2011

Cristo busca el encuentro con Francisco


Francisco quiere llegar a ser noble y caballero. Su primera oportunidad se la brindó la contienda entre las ciudades de Asís y Perugia, en el otoño de 1202. Se entabla batalla en el lugar llamado Collestrada a orillas del río Tiber. Asís sufre una gran derrota, Y Francisco es uno más de los muchos jóvenes de Asís que son encarcelados en Perugia, ¡durante un año!. En 1203, gracias a un pacto entre los “boni homines” de Perugia y los “homines populi” de Asís, los prisioneros regresan a Asís. Francisco regresa enfermo y débil.


Durante su enfermedad Francisco tiene mucho tiempo para repensar su vida y ahondar en su inquietud. Empezó a preguntarse el porqué de la Vida, de dónde procede el dolor, lo absurdo de estar apegado a las riquezas, la vanidad de querer ser más que los demás. Pero en cuanto se recuperó le surgió una nueva oportunidad para lograr sus afanes de gloria. En el verano de 1205 tras la muerte del Conde Juan de Brienne, le sucede en la dirección de los ejércitos del Papa y el emperador Federico II, el Conde Gentil de Paleara. Éste vino al valle de Espoleto a buscar jóvenes para su ejército. Francisco y otros jóvenes de Asís se le unen. Y su primera batalla será en Apulia.


Camino de la guerra en Apulia, hicieron noche en Espoleto, donde esperarían por todos los voluntarios. Allí asistieron a la catedral para la ceremonia de bendición y despedida, y allí…. estaba Cristo, un Cristo crucificado, pero con los ojos abiertos y el rostro provocador. La tradición cuenta que Francisco oye la voz de Cristo, que le pregunta:


- «Francisco, ¿a dónde te diriges como un guerrero?

- A la Apulia, a luchar por el Papa.

- Dime, ¿de quién puedes esperar mayor gloria, del Señor o del siervo?

- Del Señor. - Entonces, ¿por qué sirves al siervo y no al Señor?

- Señor, ¿qué quieres que haga?

- Vuelve a tu casa y allí descubrirás lo que quiero de ti.»


Esa noche fue para Francisco su gran encuentro con Dios, su primer gran desconcierto. Dios le salió al paso y desde entonces, rodeado de incertidumbre, Francisco tuvo la certeza de que le tenía preparada otra guerra distinta. “En el año 1206, el Señor ordenó a Francisco, por medio de un sueño, que regresara de Espoleto a Asís, y que esperara aquí hasta que Él le revelase su voluntad” (cf. TC 6)

miércoles, 30 de marzo de 2011

Nostalgia de Francisco

Juan Pablo II en La Verna

Oh, san Francisco, estigmatizado de la Verna, el mundo tiene nostalgia de ti, cual icono de Jesús crucificado. Necesita tu corazón abierto a Dios y al hombre, tus pies descalzos y heridos, tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte, por el poder del Evangelio. Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar la purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse de las mismas estructuras de pecado que oprimen a la sociedad de hoy. Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las Naciones y entre los Pueblos. Infunde en los jóvenes tu frescura de vida, capaz de oponerse a las insidias de las múltiples culturas de muerte. A las víctimas de cualquier género de malicia, comunica, Francisco, tu gozo de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, por el hambre y la guerra, ábreles las puertas de la esperanza. Amén. 17 de septiembre de 1993